Acompañamiento transcultural para brasileños e hispanohablantes en procesos de adaptación

10/2/20269 min leer

a spanish flag flying in front of a building
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Migrar es mucho más que trasladarse de un territorio a otro. Supone atravesar un proceso de transformación que puede modificar la identidad, los vínculos, las rutinas cotidianas y la manera en que se experimenta la pertenencia. Al llegar a un nuevo país, muchas personas deben reorganizar su vida mientras intentan comprender quiénes son en un contexto diferente. Las referencias que antes ofrecían seguridad —el idioma, la familia, las costumbres, los lugares conocidos o las formas habituales de relacionarse— pueden dejar de estar disponibles de la misma manera.

La adaptación no se limita a resolver asuntos prácticos como encontrar empleo, conseguir vivienda, regularizar la documentación o acceder a servicios. También implica elaborar cambios emocionales y culturales profundos. Es posible sentir nostalgia, incertidumbre, cansancio, soledad o frustración, incluso cuando la decisión de migrar fue elegida libremente y existen expectativas positivas respecto del futuro. La persona puede necesitar tiempo para reconocer sus pérdidas, identificar nuevos recursos y construir estrategias que le permitan desenvolverse sin invalidar lo vivido anteriormente.

Para las personas brasileñas e hispanohablantes, la llegada a una sociedad con otros códigos comunicativos, normas sociales, valores y maneras de establecer vínculos puede generar dificultades específicas. Las diferencias lingüísticas no siempre se reducen al vocabulario: también incluyen tonos, silencios, gestos, niveles de formalidad y significados implícitos. Estas variaciones pueden producir malentendidos o una sensación de no encajar, especialmente en momentos de vulnerabilidad. Sin embargo, el malestar migratorio no indica necesariamente la existencia de una enfermedad mental. Con frecuencia, constituye una respuesta comprensible ante la pérdida de referentes conocidos y la exigencia de construir una nueva vida. Un acompañamiento sensible puede favorecer ese proceso, ayudando a integrar la historia personal con las posibilidades del presente, sin obligar a renunciar a la cultura, la lengua ni los vínculos de origen.

Marcelli Pereira Ferraz cuenta con más de dos décadas de trayectoria clínica como psicoterapeuta, desarrollada en España, Brasil, Portugal y Argentina. Este recorrido en distintos contextos nacionales y culturales ha enriquecido su práctica y le ha permitido acompañar a personas que atraviesan cambios vitales, procesos de movilidad internacional y dificultades vinculadas con la adaptación a un nuevo entorno.

Su formación de máster en migración, transculturalidad y antropología aporta un marco específico para comprender que migrar no implica únicamente trasladarse de un país a otro. Supone también revisar referencias, vínculos, hábitos, expectativas y formas de interpretar la realidad. A esta preparación académica se suma su propia experiencia como profesional migrante, una vivencia que favorece una escucha cercana, respetuosa y conectada con las particularidades de quienes buscan apoyo.

Desde esa mirada, reconoce el choque cultural, la aculturación y la nostalgia como experiencias que pueden aparecer de maneras diversas. También presta atención a las tensiones que surgen al intentar integrarse en una sociedad nueva sin perder la identidad, la lengua, las costumbres o los lazos con el lugar de origen. Estos procesos pueden influir en el bienestar emocional, la autoestima, las relaciones familiares y la manera en que cada persona construye su sentido de pertenencia.

Su perspectiva es integradora y sensible a las dimensiones psicológicas, sociales, familiares y culturales presentes en cada caso. Por ello, no reduce la experiencia migratoria a un diagnóstico aislado ni interpreta las dificultades fuera de su contexto. El acompañamiento busca comprender la historia individual, los recursos disponibles y las circunstancias que rodean a cada persona, pareja o familia, creando un espacio terapéutico en el que sea posible elaborar los cambios, fortalecer los recursos personales y encontrar formas propias de adaptación.

El choque cultural no siempre aparece como una crisis evidente. En muchos casos comienza con una irritabilidad persistente ante las costumbres, normas sociales, horarios o formas de comunicación del país de acogida. También puede manifestarse como una comparación constante con el lugar de origen, una sensación de incomodidad frente a lo cotidiano o la impresión de que los demás no comprenden las propias referencias culturales. Estas reacciones pueden indicar que la persona todavía está elaborando los cambios y buscando nuevas estrategias para desenvolverse.

Otro indicador frecuente es el aislamiento social. La dificultad para establecer amistades, participar en actividades o pedir ayuda puede intensificar la nostalgia, incluida una saudade tan intensa que paraliza y reduce el interés por el presente. Algunas personas describen una sensación de no pertenecer plenamente a ningún lugar, expresada en la idea brasileña “nem de lá, nem daqui”. Asimismo, pueden surgir conflictos de valores en el trabajo, especialmente respecto a la autoridad, la puntualidad o la comunicación, y tensiones en la pareja cuando cada integrante mantiene expectativas diferentes sobre roles, familia, autonomía o convivencia.

El malestar emocional también puede expresarse físicamente. Problemas digestivos, alteraciones del sueño, cansancio persistente, dolores de cabeza, tensión muscular, palpitaciones u otras somatizaciones son posibles respuestas del organismo ante un estrés prolongado. Sentir tristeza, extrañar a la familia o experimentar frustración ocasional forma parte de muchas migraciones y no significa necesariamente que exista un problema clínico. Sin embargo, conviene solicitar apoyo profesional cuando estas experiencias son intensas, duran varias semanas o meses, interfieren en el trabajo, los estudios, el autocuidado o la relación de pareja, o dificultan la creación de vínculos y proyectos. Una orientación transcultural puede ayudar a diferenciar una reacción esperable de una adaptación complicada, validar la experiencia y desarrollar recursos prácticos sin desvalorizar la identidad de origen.

La atención psicológica general puede ofrecer herramientas valiosas para abordar la ansiedad, la tristeza, los conflictos familiares o las dificultades en las relaciones. Sin embargo, no siempre contempla las circunstancias específicas que atraviesan quienes migran. El acompañamiento especializado en migración y transculturalidad incorpora la experiencia de desplazarse, reconstruir la vida en otro país y negociar referencias culturales diferentes. Esta perspectiva permite comprender el malestar dentro de su contexto, en lugar de interpretarlo únicamente como un problema individual.

Sin una formación específica, un profesional podría considerar patológicas algunas reacciones que, en realidad, son respuestas comprensibles al estrés de aculturación. La incertidumbre administrativa, la discriminación, la pérdida de redes y referentes, la distancia de la familia o las exigencias de adaptación pueden producir cansancio, irritabilidad, aislamiento, culpa y confusión. Reconocer estas respuestas no significa restar importancia al sufrimiento, sino evaluarlo con mayor precisión y distinguir entre una reacción esperable y una situación que requiere intervención clínica especializada.

La psicología transcultural analiza los determinantes sociales y la historia migratoria de cada persona, además de su cultura de origen, el idioma y las condiciones actuales de integración. También considera la religión, los roles familiares, las expectativas comunitarias y los códigos emocionales mediante los cuales se expresa el malestar. La manera de hablar sobre el cuerpo, la tristeza, la autoridad, la intimidad o la ayuda profesional puede variar considerablemente entre contextos. Por ello, escuchar no consiste solo en traducir palabras, sino en comprender los significados que las sostienen.

Este enfoque requiere un espacio seguro, respetuoso y libre de juicios, donde la persona pueda explorar sus conflictos culturales sin justificar constantemente sus decisiones ni esconder su identidad brasileña, hispana o híbrida. En ese marco, es posible hablar de las tensiones entre generaciones, de la pertenencia, de los cambios en los vínculos y de la sensación de no encajar completamente en ningún lugar. El profesional acompaña la construcción de recursos propios, respetando la pluralidad de trayectorias y favoreciendo una adaptación que no implique renunciar a la identidad.

La terapia migratoria es un proceso especializado de acompañamiento psicológico dirigido a personas que viven fuera de su país de origen. Su objetivo es ofrecer un espacio seguro para comprender y gestionar experiencias frecuentes durante la adaptación, como la soledad, la pérdida de referencias conocidas, la culpa, la incertidumbre y la necesidad de reestructurar la propia identidad. Migrar no implica únicamente cambiar de lugar de residencia: también supone revisar vínculos, hábitos, expectativas y formas de pertenecer.

En este contexto, el duelo migratorio describe el conjunto de pérdidas emocionales y simbólicas que pueden aparecer al establecerse en otro país. Se trata de un duelo complejo, a menudo ambivalente y no siempre reconocido socialmente. Una persona puede haber elegido migrar, sentirse ilusionada por las oportunidades de la nueva etapa y, al mismo tiempo, sufrir profundamente por aquello que dejó atrás. Estas emociones no invalidan la decisión de emigrar ni significan necesariamente que el proceso haya sido un error.

Entre las pérdidas que pueden formar parte de este duelo se encuentran la familia y los seres queridos; la lengua, con sus matices y formas espontáneas de expresión; la cultura y sus códigos cotidianos; la tierra o el territorio asociado a la historia personal; el estatus social y profesional; el contacto diario con el grupo de pertenencia; y la sensación de seguridad o integridad física. No todas las personas viven estas pérdidas del mismo modo, y su intensidad puede variar según la trayectoria, los recursos disponibles y las condiciones de acogida.

La terapia ayuda a identificar qué se ha perdido, reconocer el significado que tenía y elaborar las emociones relacionadas, sin juzgarlas ni apresurar su resolución. También permite distinguir entre las dificultades propias de la adaptación y aquellas que requieren una atención más profunda. Mediante este acompañamiento, la persona puede fortalecer sus recursos, recuperar continuidad en su historia y construir nuevas referencias para afrontar la etapa migratoria con mayor claridad, flexibilidad y bienestar.

La adaptación a un nuevo país no exige abandonar la identidad de origen. Para muchas personas brasileñas e hispanohablantes, migrar implica aprender códigos sociales, formas de comunicación y expectativas diferentes, mientras se mantienen vínculos, valores, recuerdos y costumbres que continúan dando sentido a la propia historia. El proceso terapéutico puede ayudar a integrar estas dimensiones sin convertirlas en una elección excluyente.

Desde el acompañamiento de Marcelli Pereira Ferraz, la Terapia Psicoexpresiva© forma parte de los recursos utilizados para facilitar la expresión de emociones, recuerdos, conflictos y vivencias que a veces resultan difíciles de comunicar únicamente mediante palabras. A través de recursos expresivos, la persona puede acercarse a experiencias relacionadas con la migración, observarlas con mayor claridad y elaborar aquello que permanece bloqueado, confuso o doloroso.

Este trabajo puede abordar la culpa por cambiar, el miedo a perder las raíces o la presión por adaptarse completamente a la sociedad de acogida. También permite explorar conflictos familiares, diferencias generacionales y tensiones entre las expectativas del entorno de origen y las demandas del nuevo contexto. Nombrar estas experiencias ayuda a comprender que la ambivalencia es una respuesta frecuente ante los procesos de transformación.

El objetivo no es obligar a la persona a escoger entre sus culturas, sino reconocer los recursos que cada una ofrece. La lengua, la memoria familiar, las tradiciones y los aprendizajes adquiridos en el país de acogida pueden formar parte de una identidad más amplia, flexible y coherente. De este modo, es posible sentirse legítimamente vinculado a más de un lugar sin vivir esa pertenencia como una contradicción.

Adaptarse no significa borrar la historia personal ni renunciar a la propia esencia. Significa encontrar una manera saludable de conservarla, revisarla y transmitirla mientras se participa activamente en la nueva sociedad. Con apoyo terapéutico, la integración puede convertirse en una oportunidad para construir continuidad, autonomía y una relación más equilibrada con ambas culturas.

Recibir atención psicológica íntegramente en portugués puede marcar una diferencia importante para las personas brasileñas que atraviesan un proceso migratorio en España o en otros países de Europa. El Instituto IASE, bajo la dirección de Marcelli Pereira Ferraz, ofrece un espacio de escucha profesional en la lengua materna, con una mirada sensible a las experiencias de adaptación, pérdida, cambio y reconstrucción de la vida cotidiana.

Las consultas pueden realizarse de forma presencial en la clínica de Burjassot, en Valencia, o mediante videoconferencia, una alternativa que facilita el acceso a brasileños residentes en distintas ciudades de España y Europa. Esta modalidad permite mantener la continuidad del acompañamiento psicológico incluso cuando la distancia, los horarios o las responsabilidades familiares dificultan acudir a una consulta física.

Trabajar en el propio idioma favorece una expresión emocional más precisa y espontánea. En portugués, es posible encontrar con mayor facilidad las palabras relacionadas con el dolor, la nostalgia, la ansiedad o la esperanza, así como acceder a recuerdos, referencias familiares y matices culturales que podrían quedar limitados al comunicarse en una segunda lengua. También facilita la comprensión de expresiones idiomáticas, formas de humor e idiosincrasias que forman parte de la historia personal. Al reducir el esfuerzo mental necesario para traducir lo que se siente, la persona puede concentrarse mejor en comprender su experiencia y elaborar nuevas estrategias.

Considerar una consulta puede ser útil cuando el malestar relacionado con la migración persiste, afecta las relaciones, altera el descanso o dificulta el funcionamiento diario. La terapia no exige renunciar a la identidad cultural ni elegir entre el lugar de origen y el nuevo entorno. Puede convertirse en un espacio de acompañamiento profesional para recuperar estabilidad, fortalecer el sentido de pertenencia y avanzar hacia un mayor bienestar, integrando las distintas partes de la propia historia.